¿Hasta cuándo?

El increíble arte de revolucionar la tecnología, ver lo que nadie ve, cambiar el juego y mil cosas más, sólo en una par de horas

En los años 90 un sociólogo italiano se puso muy de moda, se transformó en una figura casi pop. Estaba Fukuyama y él. Se llamaba Umberto Eco. En realidad no estoy seguro si las oficiaba de sociólogo o de filósofo así que dejémoslo en teórico. Planteó la teoría de que los intelectuales podían tomar dos caminos frente a la irrupción de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones masivas: o bien se integraban a la ola aprovechando lo bueno y haciendo el trabajo crítico desde adentro -integrados- o se quedaban al margen viviseccionando el cadáver de una sociedad de masas que se estaba cayendo al vacío -apocalípticos-.

La teoría era bien hollywoodense como se puede ver y se prestó para décadas de imbecilidad intelectual sin límites. Buenos y malos, puros e impuros, críticos y vendidos, los que ven lo que viene y los que no, los que leen los acontecimientos entre líneas y los que no, etc.

A los intelectuales les encanta eso (crear esas militancias), ya lo sabemos, ya que si no establecen esas diferencias con el resto de los mortales se quedan sin trabajo. En esta época hay nuevos intelectuales, los de la tecnología, que como es de esperar, sufren de alucinaciones permanentes sobre futuros posibles mucho más que sus antecesores dada la velocidad de los cambios. Por eso tenemos miles de podcasts y posteos diarios sobre tecnologías, discusión y crítica tecnológica. A algunos nos gusta esta época de “fantasistas”, tenemos que aceptarlo sin culpa.

Esa división entre apocalípticos e integrados hoy se repite años después, luego de haber sufrido mucho, luego de haber vivido tanto, pero no hay caso con nosotros. La IA llegó desde el norte y se tomó a todo el mundo que tiene Internet -la mayoría del planeta aún no tiene-. A veinte años aproximados de la aparición de las redes sociales y de su crecimiento desbocado lleno de “externalidades” estamos haciendo lo mismo, en realidad, nosotros estamos dejando que nos hagan lo mismo y tratando de hacer algo con lo que nos dan. A todas luces nuestra dependencia es peor, hacer una red social era infinitamente más fácil y barato que crear uno de los modelos grandes de inteligencia artificial que definen el desarrollo de todos los demás. Creo que lo más revolucionario que ha ocurrido desde nuestro punto de vista (Latam y otros lados) es la aparición de Ollama y cosas por el estilo. Parece ser el inicio de un camino distinto que se va independizando de los grandes modelos. Pero habrá que ver.

No hay competencia en esta época de alucinaciones: no necesitaremos gente, podremos hacer proyectos enteros en un día, etc., etc. La verdad es que en mi experiencia personal la IA es muy útil para programar y necesario para hacer proyectos rápido tipo MVP. Pero pararía ahí, no hay forma de que alguien que se toma la programación en serio use la IA para todo en proyectos reales de largo plazo. Las implicaciones de seguridad, mantenibilidad, calidad del código y demás son gigantes. Muchas veces me he visto pidiendo a un agente de programación (Claude o Gemini) que devuelva atrás todos los cambios realizados en una sesión porque sencillamente se jodió todo (lo arruinamos, la IA y yo). Me ha resultado mejor hacer cosas específicas y muy puntuales, casi sin implicaciones sobre otras partes del código, eso y también realizar tareas terriblemente aburridas y postergadas por lo tediosas. Entonces si, la IA me ha servido mucho, pero no hará que un perro aprenda a jugar ajedrez y es más, se burlará de ti (obvio que no!) haciendo muchas veces las cosas muy mal, procediendo después de analizar mal el código o el problema. No falta quien dice que no le sabemos pedir las cosas. Eeee, enchúfense!, sabemos y muy bien y de muchas formas. El problema no es la IA, son ustedes, fanáticos que desprecian todo tipo de esfuerzo.

Seríamos apocalípticos o integrados?, serán ustedes integrados o algo más? Habrá que ver, queda tiempo.

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